sábado, 22 de septiembre de 2012

Las Visiones Distintas de Esther y Oscar Tusquets


"Tiempos que fueron" de Esther Tusquets y Oscar Tusquets


La lectura ha sido siempre, o al menos así lo he entendido desde que mis ojos son capaces de deslizarse por las líneas, un acto individual que encierra en sí mismo un encuentro con gente desconocida, con personajes de ficción envueltos en historias verdaderas o con personajes reales enredados en ficciones irreconocibles.

A las personas no se las conoce nunca en su complejidad, y la sencillez, cuando no es aparente, es la única puerta que te permite vislumbrar algo del interior. Cuando nos presentan a alguien que no conocemos buscamos desesperadamente encontrar ese puente común que solo la conversación es capaz de construir. Cimientos de aficiones compartidas, de amigos o conocidos comunes, de lugares que visitamos en tiempos distintos. Echamos mano de todo, contando casi siempre con el refugio del vaso largo o de la copa de la que vas bebiendo sorbo a sorbo a golpe de silencio cuando la conversación no progresa, simplemente porque no hay puente ni puede haberlo. Si la química no funciona, las palabras de cortesía se disuelven en incómodos silencios, y una vez has apurado tu copa con mayor rapidez de lo esperado, encuentras la excusa perfecta para ausentarte, ya sea para pedir otro trago, para visitar el baño o para saludar a alguien que recuerdas vagamente pero cuyo nombre olvidaste rápidamente cuando te lo presentaron.

Leí esta semana "Tiempos que fueron", escrito a cuatro manos por Esther Tusquets y su hermano Oscar Tusquets - Oscar sin acento, como él escribe en el libro, horrorizado por las tildes en las mayúscculas, algo que, dicho sea de paso, me horroriza de igual modo -.

Cuando uno lee "Tiempos que fueron" se funden los tiempos que son, y las pequeñas confesiones se enmarcan en esos recuerdos del pasado que están muy presentes, recuerdos que se corporeízan con malévola insidia cuando los años van cayendo y la nostalgia se convierte en una especie de refugio, un salvoconducto cuando lo que te rodea no coincide exactamente con lo que uno desearía para su presente, o cuando crees que ha llegado el momento de ajustar cuentas con uno mismo.

Los trazos son vigorosos, como las vivencias. Vivencias coincidentes que sin embargo se recuerdan de manera distinta. Cinco años de diferencia marcan fronteras a veces insalvables en aquellos que habitaron bajo un mismo techo. El paso del tiempo desemeja las imágenes, y cuando volvemos a visitar el lugar donde siguen moviéndose las sombras de lo que una vez fuimos vemos hasta qué punto la memoria distorsiona los contornos...pero sin restarle ni un ápice de autenticidad. Al fin y al cabo lo que parecía distanciar termina por acercar, y no hace falta mojar una magdalena en té para sacar el pasado de esos habitáculos que Styron llamó felizmente "las mazmorras del alma".

No voy a desvelar nada. Es una obra que se lee con sumo agrado, donde Esther Tusquets sigue haciendo gala de su sardónico y delicioso sentido del humor y Oscar relata sus vivencias con toda la raíz de los recuerdos, porque los recuerdos de verdad son los que no se ven, los que se ocultan en la tierra de la memoria, los que hay que arrancar para que vean la luz, los que a la postre resultan siempre más sabrosos por la sencillez de lo auténtico.

Recuerdos que nadan en el mar, que bucean en busca de sabores de antaño, donde cada uno aporta sus puntos de luz en las brumas del pasado. Recuerdos de esa Barcelona de los años 50, del frío en las mañanas de invierno, de gente de paso, de gente verdadera, de colegios y de servicio, de padres y primos, de primeros pasos, de inicios y de desarrollo. De viajes y de aprendizaje. De madurez y de presentes.

Concluye esa narración a dos voces, cierras el libro, levantas la vista y los dos sillones están vacíos. Casi llegaste a creer que un segundo antes ahí estaban Esther y Oscar, dialogando entre ellos mientras tú, privilegiado espectador mudo, escuchabas con atención esos susurros de vivencias pasadas en las palabras de dos hermanos que un día decidieron escribir sobre "Tiempos que fueron", tiempos que acaban siendo del afortunado lector.

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